¿Por qué es bueno ir al psicólogo en algunas etapas de nuestra vida?

A lo largo de nuestra andadura vital todas las personas, en mayor o menor medida, pasamos por momentos en los que sentimos que la vida nos ha puesto en jaque. Solemos dar a estos momentos el nombre de crisis y pueden formar parte del propio desarrollo o proceso madurativo que todos atravesamos, pero también pueden ser consecuencia de circunstancias externas que, por algún motivo, nos ponen a prueba, convirtiéndose en un punto de inflexión en nuestras vidas.

¿Qué hechos influyen en nuestra capacidad para afrontar una crisis vital?

Aunque normalmente, apenas somos conscientes de ello, es durante la infancia y la adolescencia cuando experimentamos las principales vivencias que van a marcar nuestra manera de estar y de sentir para el resto de nuestra vida. Por ejemplo, nuestra sensibilidad nos hará más vulnerables a un tipo de acontecimientos frente a otros, definiendo así nuestras creencias y expectativas sobre la realidad (o lo que es lo mismo, nuestra interpretación subjetiva del mundo).

Igualmente, desarrollaremos estrategias para afrontar situaciones de cambio y de estrés, también daremos los primeros pasos en el aprendizaje de la gestión de las emociones, quizá tengamos que lidiar con sentimientos de rechazo o de desvalorización y, cómo no, aprenderemos a relacionarnos con los demás primero en el entorno más inmediato, que es la familia, después con nuestros iguales durante la etapa escolar y finalmente, ampliaremos nuestra proyección social al integrarnos en el ámbito profesional pasando quizá previamente por la universidad.

De forma paralela, en algún momento de esta evolución iremos despertando a una dimensión muy especial donde experimentar otra serie de vivencias más íntimas y fuertemente ligadas a los sentimientos: la pareja y la sexualidad.

No somos superhéroes, a veces es bueno sentirnos vulnerables y buscar ayuda

Así planteado el mapa de nuestro desarrollo vital, es fácil comprender que la mayor parte de las veces no tendrás que estar loco para que sea aconsejable acudir al psicólogo en busca de ayuda o asesoramiento. Puede que recurrir a la terapia individual, a la terapia de pareja, o bien a una terapia de corte sistémico, nos provea de estrategias que no habíamos necesitado aprender hasta ahora. Ya solo el hecho de permitirnos hablar abiertamente de lo que nos sucede, expresar nuestras emociones y manifestar cómo nos sentimos cuando las cosas van mal, nos aportará comprensión acerca de nosotros y de nuestras relaciones con el gran valor terapéutico que esto conlleva.

Por muy equilibrados que nos creamos, los cambios pueden aparecer de una forma tan repentina que nos hagan sentir que hemos perdido el control. En otras ocasiones, sin llegar a experimentar esta sensación de caos, también se pueden arrastrar bloqueos que nos impiden mejorar en nuestro trabajo, en nuestras relaciones familiares o en nuestra relación de pareja.

Aunque está muy extendida la creencia popular que dice que el tiempo lo cura todo, o también que el tiempo coloca cada cosa en su sitio, lo cierto es que no es deseable ni te ayuda en nada el adoptar una postura pasiva o resignada ante los acontecimientos. Al revés, te impide crecer y mejorar como persona al dejarte paralizado en un profundo sentimiento de fracaso e insatisfacción.

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